Antes de salir a vender: volver a la base
Algo que a mí me costó muchísimo al comienzo fue entender que, antes de salir desesperada a vender, necesitaba claridad.
No claridad de precios. No claridad de promociones.
Claridad de base.
Sentarme a pensar:
¿Por qué empecé este negocio?
¿Para qué existe la pastelería en mi vida?
¿Qué estoy buscando sostener con esto?
Mi negocio nació porque la gente me pedía tortas. Y durante muchos años, eso fue suficiente.
Pero también fue una trampa.
Porque el negocio existía para cumplir pedidos ajenos, no para sostener lo que yo necesitaba.
Y cuando el negocio existe solo para otros, la supervivencia se vuelve eterna.
Cuando el negocio existe solo para cumplir pedidos
Durante años no me frené a preguntarme qué le estaba pidiendo yo a mi negocio.
¿Para qué existía? ¿Solo para cumplir órdenes?
En ese momento, sí.
Y aceptar eso fue doloroso.
Porque implica reconocer que muchas veces ponemos al negocio por delante de nuestra vida, cuando en realidad debería ser al revés.
Cuando finalmente me senté a pensar qué quería pedirle a mi negocio, algo cambió.
Empecé a verlo distinto.
Entender qué querés ofrecer cambia cómo vendés
Cuando entendés qué querés ofrecer y para qué existe tu negocio, podés empezar a decidir con más intención.
No solo qué vender. Sino cuándo y por qué.
Por ejemplo, enero.
Enero suele ser un mes más lento. Menos eventos. Más pausa.
Y muchas veces lo vivimos como un problema.
Pero también puede ser una oportunidad.
Porque existe una pastelería que acompaña momentos cotidianos:
compartir en familia
descansar
algo rico sin festejo
un momento simple
Cuando entendés eso, dejás de vender desde la desesperación y empezás a vender desde la intención.
No buscando la ganancia máxima por pedido. Sino sosteniendo el negocio de una forma más amable.
Vender en supervivencia no es solo esperar
Cuando estamos sobreviviendo, muchas veces esperamos.
Esperamos que:
el local se llene solo
Instagram traiga clientes solo
el catálogo de WhatsApp funcione solo
Pero cuando no nos conocen, no llegan solos.
En esta etapa, salir a buscar clientes no es un error. Es parte del proceso.
Mostrarte. Presentarte. Hacerte conocer.
No desde el “cómprame”, sino desde el “acá estoy”.
Salir del taller también es parte del negocio
A veces creemos que el negocio solo se vende desde casa.
Pero muchas veces, sobre todo al comienzo o en momentos de baja, hay que salir.
Presentarte. Hablar. Mostrar lo que hacés.
Dejar una muestra. Un contacto. Un recuerdo.
Tal vez no compran hoy. Tal vez compran más adelante.
Pero ya existís en su mente.
Promocionar no es gritar, es entender
Las promociones no funcionan si no hay intención detrás.
Y vender no es solo mostrar productos.
Las personas no compramos solo por necesidad física. Compramos por emoción, contexto, momento.
Cuando entendés eso, empezás a preguntarte:
¿qué necesita hoy mi clienta?
¿qué momento está atravesando?
¿qué problema real puedo resolver?
Eso también es vender.
Si estás estancada, no es porque no haya salida
El pensamiento de supervivencia suele ser un ciclo:
“No llego.” “No sé qué hacer.” “No puedo cubrir costos.”
Pero hoy existe información. Existen ejemplos. Existen negocios que lograron salir de ese mismo lugar.
Si otros pudieron, hay camino.
No es magia. Es búsqueda. Prueba. Error. Ajuste.
Marketing es presencia, no perfección
No es tener el catálogo más lindo.
Es estar presente.
En redes. En el barrio. En la conversación.
Si sabés que Instagram es tu canal, aparecé más. Si sabés que tu fuerte es el boca en boca, salí a hablar.
Marketing es ocupar espacio en la mente del otro.
Para cerrar
Cuando estás en modo supervivencia, vender más es necesario.
Pero vender más no empieza corriendo.
Empieza entendiendo:
para qué existe tu negocio
qué querés sostener con él
a quién necesitás llegar
Las oportunidades existen.
El foco no es solo vender más.
La pregunta real es:
¿Qué necesito hoy para vender más?
Y muchas veces, la respuesta es simple:
Más personas que sepan que existís.