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Cuando querés volver a la pastelería, pero no al lugar que te desgastó

A veces no se trata de volver a empezar, sino de entender qué fue lo que te cansó y qué necesitás hoy para no repetirte.

Cuando querés volver a la pastelería, pero no al lugar que te desgastó

No dejaste la pastelería porque no te gustara

Muchas personas se alejaron de la pastelería no por falta de pasión, sino por exceso de desgaste.
No dormían.
Vivían corriendo.
El cuerpo pasaba factura.
Y lo que alguna vez fue disfrute, se volvió peso.

Cuando eso pasa, irse parece la única salida posible.


Cambiar de rumbo no siempre resuelve lo interno

A veces el alivio llega con otro trabajo, otra rutina, otra estructura.
Pero con el tiempo aparece algo conocido:
esa sensación de “extrañar crear”,
de recordar lo que sentías cuando empezaste.

Y entonces surge la duda:

👉 ¿Quiero volver… o solo extraño cómo me sentía antes de estar agotada?


El miedo no es a la pastelería

El miedo suele ser a volver al mismo lugar interno.
A repetir las mismas corridas.
Las mismas exigencias.
Las mismas decisiones tomadas sin mirarte.

Por eso la pregunta no es “¿vuelvo o no vuelvo?”
La pregunta es otra.


La pregunta que cambia todo

👉 ¿Qué tendría que ser distinto esta vez para que no me vuelva a expulsar?

No se responde con recetas, precios ni producción.
Se responde con honestidad.

  • ¿Cuánto tiempo real tengo hoy?

  • ¿Qué ritmo puedo sostener sin romperme?

  • ¿Qué cosas ya sé que no quiero volver a hacer?

  • ¿Qué necesito cuidar primero: mi cuerpo, mi tiempo, mi energía?


No es decidir rápido. Es decidir distinto

Volver no tiene que ser inmediato.
Ni total.
Ni perfecto.

A veces volver empieza por ordenarse internamente,
por darle palabras a lo que dolió,
por entender qué límites faltaron.

Y recién después, si tiene sentido, pensar el “cómo”.


Un primer paso, sin presión

Si estás en este punto, probá esto:

No pienses en vender.
No pienses en producir.

Solo respondé esto por escrito:

👉 Si volviera, ¿qué no estoy dispuesta a volver a sacrificar?

Esa respuesta vale más que cualquier plan.

No estás atrasada.
No estás confundida.
Estás en un momento de transición.

Y ese momento no se fuerza: se acompaña.

Si sentís que este articulo te ayudó, comentá abajo para que más personas también se identifiquen y no se sientan solas.

Acá no se trata de volver a hacer más,
sino de volver a elegir mejor.


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