De pastelera a mentora: el camino que me llevó a acompañar negocios
Durante muchos años pensé que mi camino era hacer crecer mi pastelería.
Quería producir más, mejorar mis procesos, contratar personas, salir de mi casa y llevar la pastelería a una escala mucho mayor.
Ese era el negocio que imaginaba para mi futuro.
Pero mi vida cambió y, con ella, también cambió mi manera de mirar la pastelería.
También soy mamá. Y hoy entiendo mi trabajo de otra manera.
Hoy soy mamá de dos chicos: Zoey tiene 10 años y Ryan tiene 6.
Y también soy viuda.
La pérdida de mi marido cambió mi vida de una manera que no podía haber imaginado. Cambiaron mis tiempos, mis energías, mis prioridades y también mi manera de entender qué quiero construir.
Pero hay algo que no cambió:
No me doy por vencida.
Todo lo que construyo hoy lo hago con mucha más convicción y dedicación, porque ya no pienso solamente en qué quiero lograr yo. Pienso también en la vida que quiero construir para mis hijos y en la mujer que quiero ser para ellos.
Y eso también cambió mi manera de mirar el trabajo.
No quiero construir desde el sacrificio permanente ni desde la necesidad de sobrevivir.
Quiero construir para vivir con intención, disfrutar y tener la libertad de decidir cómo quiero usar mi tiempo y mi energía.
Yo también sigo siendo pastelera
Quiero empezar por algo que para mí es importante aclarar:
No dejé de hacer pastelería.
Hoy sigo haciendo tortas, sigo teniendo pedidos y sigo tomando decisiones sobre qué producir, cuánto producir, a qué precio y en qué momento.
La diferencia es que hoy puedo elegir mucho más conscientemente cuánto quiero producir y qué lugar quiero que la pastelería ocupe en mi vida.
Porque mi historia no es la de una pastelera que dejó la pastelería para convertirse en mentora.
Es la de una pastelera que, después de muchos años construyendo su negocio, descubrió que quería acompañar a otras mujeres a construir el suyo de una manera diferente.
Durante años pensé que mejorar la pastelería era mejorar el negocio
Hace más de una década creé Baking Love & Co.
Como muchas pasteleras, mi foco estaba en mejorar.
Mejorar las tortas.
Mejorar las técnicas.
Mejorar la producción.
Mejorar los productos.
Vender más.
Y sí, todo eso era importante.
Pero con el tiempo entendí algo que me hubiera encantado saber desde el principio:
Una buena pastelería no necesariamente significa un buen negocio.
Podés ser excelente produciendo y todavía no saber cuánto necesitás vender.
Podés tener muchos pedidos y no saber cuánto estás ganando.
Podés tener un producto que se vende muchísimo y descubrir que no es el que más te conviene.
Podés trabajar todo el día y seguir sintiendo que no avanzás.
Porque un negocio tiene muchas más piezas que la producción.
Aprendí a mirar mi pastelería de otra manera
Empecé a hacerme preguntas diferentes.
¿Qué quiero que mi negocio pueda sostener?
¿Cuánto necesito vender?
¿Qué productos tienen sentido para llegar hasta ahí?
¿Cuánto me deja realmente cada venta?
¿Cuál es mi capacidad?
¿Qué debería hacer yo y qué debería poder delegar algún día?
Y entendí que dirigir no significa tener todas las respuestas.
Significa aprender a mirar el negocio completo antes de tomar decisiones.
Entonces ocurrió algo que no esperaba
Mientras yo seguía trabajando en mi propio negocio y también empezaba a capacitarme y profundizar en mis propios valores, objetivos y decisiones empresariales, comencé a conversar cada vez más con otras pasteleras.
Y empecé a notar algo.
Muchas de ellas sentían que esas conversaciones las ayudaban a ver sus negocios de otra manera.
No porque yo tuviera una respuesta mágica.
Sino porque muchas veces necesitaban que alguien las ayudara a hacer las preguntas correctas.
Y ahí empecé a mirar mi propio recorrido con otros ojos.
Pensé:
“¿Qué hubiera pasado si yo hubiera tenido alguien que me acompañara a pensar mi negocio así desde el principio?”
No después de diez años.
No después de cometer tantos errores.
No después de descubrir a fuerza de experiencia que hacer mejor pastelería no necesariamente significaba construir un mejor negocio.
Y mi vida volvió a cambiar
Cuando falleció mi marido, mis prioridades, mis tiempos, mis energías y también mi relación con la pastelería cambiaron.
Durante un tiempo intenté sostener a mi familia haciendo solamente pastelería y tratando de construir todo lo que necesitaba a través de ella.
Y ese proceso me hizo preguntarme todavía más profundamente qué quería construir y qué lugar quería que tuviera mi trabajo en mi vida.
No fue un fracaso de mi pastelería.
Fue un cambio de dirección en mi vida.
La pastelería sigue existiendo.
Yo sigo siendo pastelera.
Pero hoy también estoy construyendo otro camino: acompañar a más pasteleras.
Hoy mi trabajo tiene dos partes
Sigo haciendo pastelería.
Pero ya no necesito demostrar cuánto puedo producir.
Puedo decidir qué pedidos quiero tomar, cuánto quiero producir, qué precios quiero ofrecer y cuánto espacio quiero darle a la producción dentro de mi vida.
Y acompaño a otras pasteleras.
Mujeres que aman hacer pastelería como yo la amé y la sigo amando.
Mujeres que quieren construir algo propio.
Algunas recién están empezando.
Otras ya tienen clientes, Instagram y ventas.
Otras ya tienen un negocio más armado y quieren ordenarlo y hacerlo crecer.
Pero todas pueden beneficiarse de algo que a mí me hubiera gustado tener mucho antes:
acompañamiento para aprender a pensar como dueñas de un negocio, no solamente como pasteleras.
Porque no quiero que solamente mejores haciendo pastelería
Quiero acompañarte a construir mejor.
En vez de preguntarnos solamente cuánto podemos producir, empezar a preguntarnos qué queremos construir.
En vez de mirar solamente cuánto vendimos, entender qué necesitábamos vender.
En vez de poner un precio porque “así cobra el mercado”, entender qué necesita nuestro negocio.
En vez de trabajar cada vez más, aprender a decidir mejor dónde ponemos nuestro tiempo y nuestra energía.
Y entender que, si algún día queremos crecer, también vamos a necesitar pensar en procesos, sistemas, delegación y equipo.
Porque una dueña de negocio no puede ser para siempre la única persona que hace que todo funcione.
Eso es lo que hoy quiero acompañar
No quiero que tengas que recorrer durante diez años el mismo camino que yo recorrí para descubrir que una pastelería necesita mucho más que buenas recetas y muchas horas de producción.
Quiero acompañarte mientras construís esas bases.
Mientras aprendés a mirar tus números.
Mientras definís qué querés que tu negocio pueda sostener.
Mientras decidís qué vender, cuánto vender y cómo organizar tu tiempo.
Mientras empezás a dejar de verte solamente como la persona que hace las tortas y empezás a verte como la dueña del negocio que estás construyendo.
Porque también quiero acompañarte a hacer un cambio más profundo:
dejar de trabajar solamente desde el sacrificio y el sobrevivir, para empezar a construir desde la intención y el disfrute.
No significa trabajar menos porque sí.
Significa que el esfuerzo que ponés tenga un propósito, que tu negocio pueda sostener la vida que querés y que puedas disfrutar del camino mientras lo construís.
Por eso existe DIRIGIR
DIRIGIR nació de todo este recorrido.
No de haber dejado de ser pastelera.
Sino de haber entendido que ser buena haciendo pastelería no es lo mismo que saber construir un negocio alrededor de ella.
Por eso no quería crear simplemente otro curso para que acumularas información.
Quería crear un lugar.
Un espacio donde puedas aprender, aplicar, preguntar, compartir tus dudas y avanzar acompañada por otras pasteleras que también están construyendo.
Porque muchas veces una pregunta que tenés vos...
otra pastelera ya se la hizo.
Y eso cambia completamente la experiencia de construir un negocio.
Quizás vos también estás en ese momento
Quizás todavía estás intentando conseguir tus primeras ventas.
Quizás ya tenés clientes y sentís que vendés, pero no sabés cuánto ganás realmente.
Quizás tenés una agenda llena y querés dejar de depender de cuánto podés producir con tus propias manos.
Quizás tenés un negocio funcionando y sabés que necesitás empezar a tomar decisiones de otra manera.
O quizás simplemente sentís que hay algo más grande que querés construir con tu pastelería.
Si es así, quizás este recorrido también tenga algo para vos.
Porque no se trata de dejar de ser pastelera.
Se trata de dejar de verte solamente como pastelera y empezar a verte como la dueña del negocio que estás construyendo.
¿En qué parte de tu recorrido estás hoy?
💬 Contame en los comentarios.
¿Estás empezando? ¿Construyendo? ¿Ordenando? ¿Buscando crecer?
Y si querés conocer más sobre el recorrido que me llevó hasta acá, podés encontrar DIRIGIR dentro de mi Catálogo y conocer el espacio que creé para acompañarte en ese proceso.