Enero no era el problema

Durante muchos años, enero fue para mí sinónimo de frustración. Venía de meses intensos de trabajo, el cuerpo agotado, las ventas bajas y una sensación constante de estar fallando. Hasta que entendí algo que lo cambió todo: el negocio no es lineal, y enero no está para exigirnos, sino para ordenarno

Enero no era el problema

Cuando enero se sentía como un fracaso

Durante muchos años, enero fue un mes difícil para mí como pastelera.

Venía de meses de muchísimo hacer: producir sin parar, cumplir pedidos, sostener fechas importantes, trabajar más horas de las que quería reconocer. El cuerpo cansado, la mente saturada.

Y de repente… enero.

Menos pedidos. Menos movimiento. Menos ventas.

En lugar de sentir alivio, sentía culpa. Culpa por no vender. Culpa por no estar produciendo. Culpa por sentirme cansada cuando “ya había pasado lo fuerte”.

La cabeza empezaba con las preguntas conocidas:

¿Qué estoy haciendo mal?
¿Por qué no vendo como otras?
¿Estará fallando mi negocio?

Enero, para mí, era un espejo incómodo.

El cansancio que no se iba

Aunque bajara el ritmo, el cansancio seguía ahí.

Porque no era solo físico. Era acumulado.

Meses de exigencia, de sostener todo, de no frenar nunca del todo. Y enero no alcanzaba para “recuperarme” rápido.

Entonces aparecía otra capa de frustración:

¿Cómo puede ser que descanse y siga cansada?

Hoy entiendo que no estaba descansando. Estaba intentando parar sin permiso interno.

Cuando entendí que el negocio no es lineal

El cambio empezó cuando entendí algo clave:

El negocio no es una línea recta. No es vender todos los meses igual. No es producir todo el tiempo. No es estar siempre en modo hacer.

Así como hay meses de expansión, hay meses de pausa. Y así como hay momentos de cosecha, hay momentos de preparación.

Enero no era un mes fallido. Era un mes distinto.

Enero como espacio de orden

Cuando dejé de pelearme con enero, algo se acomodó.

Empecé a verlo como un mes para:

  • descansar de verdad

  • ordenar ideas

  • revisar números sin urgencia

  • pensar qué quería sostener y qué no

  • proyectar los próximos 12 meses con más claridad

No desde la exigencia. Desde la conciencia.

Enero dejó de ser un juicio y pasó a ser un espacio.

Lo que le diría hoy a la pastelera que fui

Le diría:

No estás fallando.
Estás cerrando un ciclo.
El cansancio no es debilidad.
La pausa también es parte del negocio.

Y le recordaría algo importante:

Descansar no te atrasa. Ordenarte no te frena. Parar a tiempo te prepara.

Si enero hoy te pesa

Si hoy estás en enero y sentís frustración, cansancio o culpa por no estar vendiendo como quisieras, quiero que sepas esto:

No todo mes viene a empujarnos. Algunos vienen a acomodarnos.

Y entender eso puede cambiar por completo la forma en la que sostenés tu negocio… y tu vida.


Enero no era el problema.
La exigencia constante, sí.

Si sentís ganas de compartir en comentarios, este es un lugar cuidado para hacerlo, sin juicios y con respeto, entre mujeres pasteleras que saben lo que implica emprender.

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