Cuando el cansancio se vuelve paisaje
Hay momentos en la vida en los que seguimos avanzando casi sin darnos cuenta, cumpliendo, resolviendo y sosteniendo, sin preguntarnos demasiado cómo llegamos hasta ahí. En ese movimiento constante, muchas veces el cansancio se vuelve paisaje.
Durante mucho tiempo creí que el cansancio era parte del camino. Que trabajar sin parar, sostener todo con esfuerzo y seguir produciendo era simplemente lo que había que hacer para que el negocio funcione. No me faltaban ganas ni compromiso; me faltaba algo que en ese momento no sabía nombrar: espacio para mirar.
Sostener con energía, no con claridad
Mi vida estuvo siempre atravesada por la disciplina y la exigencia. Desde muy chica aprendí a empujar, a sostener procesos largos, a no aflojar. Más adelante llegaron el trabajo, la pastelería, la familia, la maternidad. Todo se fue sumando, y sin darme cuenta empecé a sostener mi negocio —y mi vida— más con energía que con claridad.
Producía, cumplía, entregaba. Sabía que entraba dinero, pero no entendía bien cómo ni por qué. Y cada vez que pensaba en frenar para mirar, aparecía la misma excusa: no tengo tiempo. Hoy sé que no era falta de tiempo; era miedo.
El momento bisagra: frenar y mirar
El momento bisagra llegó cuando finalmente me senté a mirar. No fue cómodo ni prolijo. Fue incómodo, confuso y hasta frustrante. Pero fue el primer momento en mucho tiempo en el que estuve realmente presente. Dejé de correr y empecé a observar.
Ahí entendí algo clave: los números no eran el problema. Eran información. El verdadero cambio no fue aprender a costear mejor, sino aprender a decidir. Decidir qué sostener, qué ajustar y qué soltar. Decidir con más respeto por mi energía y por la vida que quería construir.
Decidir con criterio cambia todo
Desde ese lugar nació una forma distinta de mirar el negocio. No desde la exigencia ni desde el control, sino desde el criterio. Entendí que frenar no es perder tiempo; es crear dirección. Y que acompañadas, estas decisiones pesan menos y se sostienen mejor en el tiempo.
Ahora es tu turno
Si llegaste hasta acá, quizás algo de esta historia te resonó. Por eso quiero invitarte a frenar un momento y mirarte a vos.
Preguntas para vos:
¿Cuál fue ese momento de tu vida o tu negocio que sentís que te marcó un antes y un después?
¿Qué aprendiste de ese momento, aunque haya sido incómodo?
Hoy, ¿qué es lo que sentís que te está frenando para seguir creciendo y eligiendo distinto?
Tal vez no sea falta de capacidad. Tal vez no sea falta de ganas. Tal vez sea, simplemente, que lo estás intentando hacer sola.
Si sentís que necesitás ordenar, mirar con más claridad y tomar decisiones con menos desgaste, quizás este sea un buen momento para acompañarte.
Podés escribirme y lo vemos juntas, sin apuro y sin presión. A veces, el mayor cambio empieza cuando nos damos permiso para mirar.