No todos los clientes son iguales (y eso está bien)
En pastelería trabajamos con muchos tipos de clientes:
mamás, familias, empresas, cafeterías, eventos, celebraciones.
Cada uno llega con expectativas distintas, ritmos distintos y formas distintas de trabajar.
Por eso, lo que no puede cambiar sos vos y las condiciones de tu negocio.
Tener condiciones claras no es poner barreras.
Es ordenar la relación desde el respeto mutuo.
Las condiciones no son reglas duras: son acuerdos
Muchas veces evitamos poner condiciones por miedo a perder ventas o incomodar.
Pero las condiciones existen para que vos sepas qué aceptar y qué no, y para que el cliente sepa qué esperar.
Cuando todo está hablado de antemano, hay menos malentendidos, menos tensión y menos desgaste emocional.
Qué conviene tener claro en tu negocio
Cada emprendimiento es distinto, pero hay acuerdos básicos que ayudan a sostener el trabajo en el tiempo:
mínimos de pedido o cantidad de entrega
tiempos de anticipación para tomar encargos
días y horarios de producción y entrega
formas de pago y plazos
señas, reservas y cancelaciones
condiciones de conservación de los productos
No son exigencias: son límites sanos que ordenan tu día a día.
Informar también es cuidar tu trabajo
Especialmente cuando trabajás con terceros —cafeterías, empresas, eventos—,
es importante dejar claro cómo deben mantenerse los productos y hasta dónde llega tu responsabilidad.
No para desentenderte, sino para proteger la calidad de lo que hacés y el esfuerzo que hay detrás.
Profesionalizar también es autocuidado
Poner condiciones no te vuelve menos amorosa.
Te vuelve más profesional.
Y ser profesional también es una forma de cuidarte:
de tu tiempo, de tu energía, de tu salud mental y de tu negocio.
Cuando vos te cuidás, el negocio se sostiene y crece mejor.
Una reflexión para llevarte
Las condiciones no alejan a los buenos clientes.
Al contrario: ordenan, filtran y fortalecen las relaciones correctas.