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¿Te da miedo cobrar lo que realmente necesitás por tus tortas?

Descubrí cómo detectar si estás bajando tus precios por miedo y empezá a tomar decisiones con tus números, no con lo que imaginás que pensarán tus clientes.

¿Te da miedo cobrar lo que realmente necesitás por tus tortas?

Te preguntan cuánto sale una torta y ya estás pensando: “¿No será demasiado?”

Hay una escena que se repite muchísimo en pastelería.

Llega un mensaje:

“Hola, ¿cuánto sale esta torta?”

Abrís la calculadora.

Hacés la cuenta.

Sabés cuánto necesitás cobrar.

Escribís el precio.

Lo mirás.

Y antes de mandarlo aparece ese pensamiento:

“¿No será demasiado?”

Y ahí empieza una negociación que, muchas veces, ni siquiera está teniendo la clienta.

La estás teniendo vos.

La clienta todavía no dijo que es caro

Esto es importante.

Quizás la clienta nunca te dijo que era caro.

No pidió descuento.

No dijo que no podía pagarlo.

No comparó tu precio con otra pastelera.

Simplemente preguntó cuánto salía.

Pero vos ya imaginaste su respuesta.

Entonces escribís $60.000.

Lo borrás.

Ponés $55.000.

Lo volvés a mirar.

Y terminás enviando $48.000.

¿Qué pasó en esos minutos?

No cambió el costo de la torta.

No cambió el trabajo que lleva hacerla.

No cambió el producto.

Cambió tu decisión.

El problema no siempre es que no sabés calcular

Muchas veces pensamos que si nos cuesta cobrar, lo que necesitamos es aprender mejor a costear.

Y sí: conocer tus costos es fundamental.

Pero podés saber perfectamente cuánto cuesta hacer una torta y aun así sentir miedo cuando llega el momento de pasar el precio.

Porque una cosa es calcular un número y otra muy diferente es sostenerlo frente a otra persona.

Ahí pueden aparecer pensamientos como:

“Seguro no me lo va a pagar.”

“Hay otras que lo hacen más barato.”

“Es demasiado para una torta.”

“Me da cosa cobrarle eso.”

Y si cada vez que aparece uno de esos pensamientos bajás tu precio, terminás tomando decisiones sobre tu negocio desde el miedo.

Antes de preguntarte cuánto pagaría tu cliente, preguntate cuánto necesita tu negocio

Hay una diferencia enorme entre estas dos preguntas:

“¿Cuánto creo que mi cliente estaría dispuesto a pagar?”

y

“¿Cuánto necesito cobrar para que este producto sea rentable para mi negocio?”

La segunda pregunta no significa que puedas poner cualquier precio y esperar que alguien lo pague.

Significa que primero necesitás conocer tu realidad.

Por ejemplo, para una torta personalizada necesitás considerar:

  • ingredientes;

  • packaging;

  • decoración y materiales;

  • costos asociados a la producción;

  • el margen que necesitás;

  • y la complejidad y el tiempo que requiere ese producto.

Cuando tenés esa información, dejás de elegir un precio solamente porque “suena razonable”.

Una pequeña actividad para empezar a cambiar esto

La próxima vez que alguien te pregunte cuánto sale una torta, no mandes el precio inmediatamente.

Antes de responder, anotá tres números:

1. ¿Cuánto necesito cobrar?

El precio que surge de tus costos, margen y realidad del negocio.

2. ¿Cuánto pensaba cobrar antes de sentir miedo?

Anotá el número que habías decidido antes de empezar a dudar.

3. ¿A cuánto terminé ofreciendo?

Este es el número que finalmente recibió la clienta.

Después comparalos.

Si necesitabas cobrar $60.000, pensabas cobrar $60.000 y terminaste enviando $48.000, acabás de descubrir algo importante:

No tenés solamente un problema de precio. Tenés una decisión que estás tomando desde el miedo.

Y eso es algo que podés empezar a trabajar.

¿Y si la clienta dice que es caro?

Puede pasar.

Y está bien.

Que alguien considere que tu precio está fuera de su presupuesto no significa automáticamente que tu precio esté mal.

Quizás ese producto no entra en su presupuesto.

Quizás no es el cliente para ese producto.

Quizás necesitás comunicar mejor lo que estás ofreciendo.

Quizás necesitás revisar tu propuesta.

O quizás efectivamente necesitás revisar tu precio.

Pero ahora podés analizarlo.

Porque no es lo mismo revisar un precio porque los números te muestran algo que bajarlo automáticamente porque tenés miedo de perder una venta.

El objetivo no es cobrar caro

Esto también es importante.

No se trata de que todas tengamos que cobrar precios altísimos.

Se trata de que el precio tenga sentido para el negocio que queremos construir.

Quizás una torta personalizada de determinado nivel de complejidad no tiene sentido para tu modelo de negocio.

Quizás necesitás simplificarla.

Quizás necesitás modificar tu catálogo.

Quizás necesitás ofrecer otro producto.

Quizás ese producto sí es rentable y simplemente necesitás aprender a sostener el precio.

Los números no solamente sirven para saber cuánto cobrar.

También sirven para decidir qué productos querés seguir vendiendo.

Y acá aparece algo mucho más profundo

Cuando empezamos a dirigir una pastelería, necesitamos dejar de tomar todas nuestras decisiones desde:

“¿Qué va a pensar el cliente?”

Y empezar a incorporar otra pregunta:

“¿Qué necesita mi negocio?”

No para dejar de escuchar a nuestros clientes.

Sino para dejar de construir nuestro negocio únicamente alrededor del miedo a perder una venta.

Porque si cada vez que alguien pregunta un precio bajamos un poco, hacemos una excepción o regalamos una parte de nuestro trabajo, quizás conseguimos una venta hoy.

Pero necesitamos preguntarnos:

¿Este modelo de venta puede sostener el negocio que quiero tener mañana?

Probalo con tu próxima consulta

La próxima vez que alguien te escriba “¿cuánto sale?”, hacé una pausa.

Antes de bajar el precio, preguntate:

¿Cuál es el precio que necesita mi negocio?

¿Estoy bajándolo porque los números lo indican o porque tengo miedo de que me digan que es caro?

¿Qué información tengo realmente de esta clienta?

Y recién después respondé.

No necesitás sentirte completamente segura para empezar.

Necesitás empezar a separar los números de los miedos y observar qué decisiones estás tomando.

Porque cobrar no es solamente ponerle un número a una torta.

También es aprender a sostener una decisión que tiene que permitir que tu negocio sea rentable y pueda sostener la vida que querés construir.

Y eso también es dirigir.

Si querés seguir profundizando

Este tema es solo una parte de todo lo que implica aprender a mirar una pastelería como un negocio: costos, márgenes, catálogo, ventas, metas y decisiones.

Si querés trabajarlo acompañada junto a otras pasteleras, podés conocer DIRIGIR.

Y si sentís que este miedo a cobrar está conectado con una situación mucho más específica de tu negocio y querés trabajarla directamente conmigo, también existe mi acompañamiento 1:1.

Vendiste, cobraste varias señas y el dinero empezó a entrar.

Mirás tu cuenta y pensás:

“Qué bien, tengo dinero.”

Entonces pagás algo de tu casa, comprás ingredientes, pagás una cuenta o incluso te das un gusto.

Y seguís trabajando.

Pero hay una pregunta que muchas veces no nos hacemos:

¿Cuánto de ese dinero pertenece realmente a tu negocio?

Porque una cosa es tener dinero en la cuenta y otra muy diferente es haber generado una ganancia.

La plata que ves no siempre es la plata que ganaste

Podés tener $500.000 disponibles y, al mismo tiempo, tener pedidos que todavía tenés que producir, proveedores que pagar, materia prima que reponer y gastos del negocio pendientes.

Y si cobraste una seña anticipada, ese dinero entró, pero todavía tenés que comprar, producir y entregar.

Entró dinero. Eso no significa automáticamente que ganaste dinero.

Por eso es tan importante empezar a diferenciar tres cosas:

FACTURACIÓN ≠ GANANCIA ≠ DINERO DISPONIBLE

Podés vender $2.000.000 y no haber ganado $2.000.000.

Podés tener $800.000 en tu cuenta y no poder gastar esos $800.000 sin afectar el funcionamiento del negocio.

Cada número cuenta una historia diferente.

Y después aparece otro problema muy cotidiano

Mezclamos la plata del negocio con la plata de nuestra vida.

Compramos harina para una torta y también usamos harina para cocinar en casa.

Compramos crema para un pedido y después usamos una parte para nuestra familia.

Pagamos algo personal desde la misma cuenta con la que compramos para la pastelería.

Y al final del mes aparece la pregunta:

“¿Cuánto gasté realmente en mi negocio?”

No significa que estés haciendo algo mal. Cuando trabajamos desde casa, esta mezcla puede aparecer fácilmente.

Pero si queremos entender si nuestra pastelería es rentable, necesitamos empezar a verla con un poco más de claridad.

Entonces, ¿cómo sé si mi pastelería es rentable?

No alcanza con mirar cuánto dinero tenés.

Necesitás empezar a mirar, como mínimo:

cuánto vendiste

cuánto gastaste

cuánto te costó producir

qué margen te quedó

cuánto dinero necesitás para que el negocio siga funcionando

Y, finalmente:

cuánto podés retirar sin descapitalizarlo.

No necesitás convertirte en contadora para empezar a hacerte estas preguntas.

Necesitás empezar a registrar y mirar tus números con intención.

También necesitás saber qué querés que ese negocio sostenga

Porque conocer tu ganancia no es el único objetivo.

También necesitás saber:

¿Cuánto dinero necesitás que genere tu pastelería?

No solamente para pagar ingredientes.

No solamente para cubrir los gastos del negocio.

Sino para sostener la vida que querés construir.

Si no tenés una meta, podés estar trabajando muchísimo sin saber si realmente estás avanzando.

Y ahí aparece una pregunta mucho más interesante que “¿cuánto tengo en la cuenta?”:

“¿Qué necesita generar mi negocio para que pueda vivir como quiero vivir?”

El dinero también necesita un lugar

Cuando empezamos a ordenar nuestros números, no se trata solamente de mirar cuánto entró.

También necesitamos empezar a darle un lugar a cada cosa:

dinero para producir

dinero para cubrir gastos

dinero para reinvertir

dinero para retirar

dinero que todavía corresponde a pedidos futuros

Esto cambia mucho la sensación de “tengo plata, pero no sé dónde se fue”.

Porque empezás a entender qué función está cumpliendo ese dinero.

Y acá aparece una nueva forma de mirar tu pastelería

En lugar de preguntarte solamente:

“¿Cuánto vendí?”

empezás a preguntarte:

“¿Qué pasó con el dinero que generé?”

En lugar de pensar:

“Tengo $500.000.”

empezás a pensar:

“¿Qué parte de esos $500.000 pertenece al negocio y qué parte puedo considerar realmente disponible?”

Ese cambio de pregunta es importante.

Porque dirigir una pastelería no es solamente vender, producir y entregar.

También es entender qué está pasando con el dinero que tu negocio mueve.

No se trata solamente de vender más

Si estás vendiendo y aun así no sabés cuánto ganás, cuánto podés retirar o cuánto necesita tu negocio para funcionar, quizás el próximo paso no sea conseguir más pedidos.

Quizás sea entender mejor los números que ya tenés.

Y eso también es dirigir.

¿Querés profundizar en cómo ordenar tus números y empezar a tomar mejores decisiones?

Este es uno de los temas que trabajamos dentro de DIRIGIR, mi espacio de acompañamiento y comunidad para pasteleras.

Y si sentís que tu situación necesita una mirada mucho más personalizada, también podés conocer mi acompañamiento 1:1, donde trabajamos directamente sobre la realidad de tu negocio.

No necesitás hacer más para empezar a mejorar. Necesitás entender mejor lo que ya estás haciendo.


¿Te da miedo cobrar lo que realmente necesitás?

Hay una escena que probablemente conozcas.

Una clienta te escribe:

“¿Cuánto sale esta torta?”

Vos ya hiciste la cuenta.

Sabés cuánto necesitás cobrar.

Pero antes de mandar el precio aparece ese pensamiento:

“¿No será demasiado?”

Y empezás a bajar.

No porque la clienta te haya dicho que es caro.

No porque te haya pedido un descuento.

No porque hayas descubierto un error en tus números.

Porque te da miedo lo que pueda pensar.

El precio que necesitás y el precio que imaginás que te van a pagar

Hay dos preguntas que pueden parecer iguales, pero no lo son:

“¿Cuánto creo que mi cliente estaría dispuesto a pagar?”

y

“¿Cuánto necesito cobrar para que este producto sea rentable para mi negocio?”

La primera está llena de suposiciones.

La segunda empieza por tus números.

Eso no significa que puedas poner cualquier precio y esperar que todo el mundo lo pague.

Significa que tu precio no debería nacer solamente del miedo a perder una venta.

Cuando bajás el precio antes de que te lo pidan

Imaginá que calculaste una torta en $180.000.

Pero cuando llega el momento de responder, pensás:

“Es muchísimo.”

Entonces mandás $150.000.

Y después $130.000.

Y terminás cerrando en $100.000.

La clienta quizás hubiera pagado $180.000.

Quizás no.

Pero nunca llegaste a averiguarlo.

Tomaste la decisión por ella.

Y además, si esos $80.000 que dejaste de cobrar eran parte del margen que necesitabas, no solamente perdiste una venta potencialmente mejor: hiciste menos rentable tu negocio.

Una actividad para empezar a detectarlo

Quiero proponerte algo muy simple para las próximas consultas.

Cada vez que alguien te pregunte cuánto sale un producto, anotá estas tres cifras antes de responder:

1. El precio que necesitás cobrar

El que surge de tus costos, el margen que buscás y la realidad de tu negocio.

2. El precio que te animarías a cobrar si no tuvieras miedo

Puede ser el mismo que el anterior. Lo importante es observar qué aparece emocionalmente cuando pensás en enviarlo.

3. El precio que finalmente le ofreciste

Después compará los tres.

Si necesitabas cobrar $180.000, estabas dispuesta a cobrar $180.000 y terminaste ofreciendo $100.000, no pases por alto esa diferencia.

Ahí hay información sobre tu forma de tomar decisiones.

No necesitás juzgarte.

Necesitás observar.

Y si te dicen que es caro…

Puede pasar.

Que una persona diga que no puede pagar tu precio no significa automáticamente que tu precio esté mal.

Puede significar que no es el producto para su presupuesto.

Puede significar que no es tu cliente ideal.

Puede significar que necesitás comunicar mejor lo que ofrecés.

O puede significar que efectivamente tenés algo para revisar.

Pero ahora podés analizarlo con información real, en lugar de anticiparte.

El objetivo no es cobrar caro

Esto también quiero dejarlo claro.

No se trata de aprender a cobrar “más caro” porque sí.

Se trata de que puedas mirar tus números y tomar una decisión que tenga sentido para el negocio que querés construir y la vida que querés sostener.

Quizás una torta personalizada de determinada complejidad es rentable para vos.

Quizás necesitás simplificarla.

Quizás necesitás cambiar el catálogo.

Quizás ese producto no tiene sentido dentro de tu modelo.

Los números no solamente sirven para poner precios.

También sirven para decidir.

Tu próximo paso

Durante las próximas cinco consultas de precio, hacé este pequeño registro:

ConsultaPrecio que necesitásPrecio que ofrecisteDiferencia¿Qué sentí?
1
2
3
4
5

Después mirá el patrón.

¿Bajás siempre un poco?

¿Bajás mucho cuando el pedido es más caro?

¿Te pasa solamente con determinadas clientas?

¿Te cuesta más cobrar cuando el producto es muy personalizado?

¿O descubriste que ni siquiera tenías claro cuánto necesitabas cobrar?

No busques una respuesta perfecta. Buscá el patrón.

Porque cuando empezás a ver qué estás haciendo, podés empezar a cambiarlo.

Y quizás la próxima vez que alguien te pregunte:

“¿Cuánto sale?”

ya no pienses primero:

“¿Será demasiado?”

sino:

“Este es el precio que necesito para que este producto tenga sentido en mi negocio.”

Y después dejás que la otra persona decida.

Eso también es empezar a dirigir tu pastelería.


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